Fisiopatología de la Tuberculosis
La tuberculosis se desarrolla en tres etapas fundamentales: infección primaria, infección latente e infección activa. Este proceso comienza cuando inhalas partículas pequeñas que contienen Mycobacterium tuberculosis, las cuales logran atravesar las defensas respiratorias y se depositan en las regiones profundas de los pulmones.
Para iniciar la infección, los macrófagos alveolares ingieren los bacilos. Si estos no son destruidos, se replican dentro de los macrófagos y eventualmente los matan. Esto atrae células inflamatorias al área, causando una neumonitis localizada que forma los característicos tubérculos.
Un tubérculo es un granuloma que contiene macrófagos (algunos infectados), linfocitos T CD4+, linfocitos B, células gigantes multinucleadas (células de Langhans), necrosis caseosa y fibroblastos que depositan colágeno alrededor para aislar la infección.
Durante las primeras semanas, algunos macrófagos infectados migran a los ganglios linfáticos regionales y pueden acceder al torrente sanguíneo, diseminando la infección a otras partes del cuerpo como los ápices pulmonares, huesos largos, riñones y meninges.
Los focos infecciosos pueden dejar cicatrices fibronodulares en los ápices pulmonares (focos de Simon) o pequeñas zonas de consolidación (focos de Ghon). Un foco de Ghon con afectación ganglionar se denomina complejo de Ghon que, si se calcifica, se llama complejo de Ranke.
💡 Concepto clave: La capacidad del sistema inmunológico para formar granulomas es fundamental para contener la infección tuberculosa, pero estos mismos granulomas pueden convertirse en reservorios donde la bacteria permanece latente durante años.