La Revolución Industrial: transformación global
La Revolución Industrial comenzó en 1765 con la creación de la máquina a vapor en Inglaterra, expandiéndose luego a Europa y América. Representó un cambio acelerado y radical en la forma de producir, transformando la economía y la sociedad.
El proceso marcó la transición de los talleres artesanales (siglo XVIII), donde la producción era manual y limitada, a las fábricas (siglo XIX) donde la producción se aceleró gracias a la mecanización y nuevas fuentes de energía. La industrialización se desarrolló en etapas: la primera revolución (finales del siglo XVIII) se caracterizó por la máquina de vapor, el uso del carbón y avances en la industria textil y el ferrocarril. La segunda revolución (mediados del siglo XIX) introdujo la electricidad y el petróleo, desarrollando el acero, la industria química y el automóvil.
Las consecuencias fueron enormes: expansión del capitalismo, aumento de la producción y el comercio, crecimiento de las ciudades y cambios en las condiciones laborales. También surgieron nuevas clases sociales (burguesía industrial y proletariado) y aparecieron problemas sociales y ambientales como la contaminación y la desigualdad.
¡Dato importante! Aunque la Revolución Industrial trajo avances tecnológicos impresionantes, también generó condiciones de explotación laboral, incluyendo trabajo infantil y jornadas extenuantes en las fábricas.





























