Emma Rouault - El Despertar de Charles
El señor Rouault era un hombre pequeño y gordo de unos cincuenta años, viudo desde hace dos años. Su fractura era sencilla, sin complicaciones, y Charles se sintió confiado recordando las lecciones de sus maestros.
Emma ayudaba en la curación cosiendo almohadillas para las tablillas. Charles se fijó en detalles íntimos: la blancura de sus uñas, brillantes y finas "como marfiles de Dieppe", aunque sus manos eran demasiado largas y un poco secas.
Sus ojos eran lo más hermoso: aunque castaños, parecían negros por las pestañas, y su "mirada franca atraía con una audacia cándida". Durante la comida, Charles notó cómo tiritaba en la sala fresca, mordisqueando sus labios carnosos.
El momento de la despedida resulta cargado de erotismo sutil: cuando Charles busca su fusta caída entre los sacos, Emma se inclina a ayudarle y él siente su pecho rozar la espalda de la joven. Ella se incorpora colorada y le mira por encima del hombro.
Desde entonces, Charles multiplica las visitas - al día siguiente, luego dos veces por semana, sin contar visitas "inesperadas". El viejo Rouault considera que es un médico excelente, mejor que los de Yvetot o Rouen.
El amor nace: Charles está enamorándose sin darse cuenta, justificando sus visitas frecuentes con excusas profesionales.