Características de los paradigmas en educación
El pensamiento simplista proviene de la Grecia clásica y permite entender la realidad de manera secuencial y ordenada. Busca encontrar patrones comunes, estables y predecibles, asumiendo características como el orden, la perfectibilidad y el dualismo. Esta perspectiva pretende que la realidad pueda ser manipulada y objetivizada, generando una relación instrumental con el conocimiento.
Por otro lado, el paradigma de la complejidad reconoce que la realidad es simultáneamente caótica y ordenada, irregular y regular, borrosa y contradictoria. A diferencia del pensamiento simplista que busca estabilidad, este paradigma acepta la no linealidad como característica natural de la realidad.
El pensamiento complejo según Morin es recursivo, contradictorio y difuso. Propone que el conocimiento es evolutivo y discontinuo, centrándose en los límites de la incertidumbre. Desde esta perspectiva, la educación debería integrar el conocimiento multidimensional, abordar problemas en sus contextos y promover la integración de saberes diversos.
En términos prácticos, una institución educativa desde la simplicidad busca ordenar y estructurar la realidad para controlarla, mientras que desde la complejidad acepta el caos y la variabilidad, fomentando la tolerancia a la ambigüedad y la reconstrucción activa del conocimiento.